Godo de Crimea

HISTORIA Y CULTURA DE LOS GODOS DE ESPAÑA Y CRIMEA: SIMILITUDES Y DIFERENCIAS 

Los primeros visigodos fueron llevados al norte de la península Pirenaica por el rey Ataúlfo I (411), zona que al inicio del siglo v era parte del Imperio romano. Eran relativamente pocos (200.000 personas) y al poco tiempo se disolvieron entre los habitantes de la región. Cabe añadir que en ese entonces la numerosa población de la futura España estaba íntimamente ligada a la política del emperador Honorio. Como una muestra de agradecimiento a los visigodos por su ayuda en la lucha contra los suevos, vándalos y otros pueblos bárbaros, se les otorgó extensas tierras en Aquitania (418), lo cual inició la formación del reino visigodo de Tolosa. Posteriormente, durante el reino de Eurico (467-485) se extendieron sus fronteras hasta las costas de toda la península Pirenaica sin incluir su parte noroeste. Sin embargo, en el año 507 prácticamente toda la Aquitania fue tomada por Clodoveo, y los norteños empezaron a trasladarse a la región de la actual ciudad de Toledo[1].

Como resultado de dicha migración, en 580 en la parte central de la Península se formó el reino visigodo de Toledo, el cual existió hasta 711, aunque en su población los visigodos constituían una ínfima minoría en comparación con los romanos y los suevos. Sin embargo aquí se desarrolló una nueva cultura visigoda del Estado, se compuso un código legislativo propio además de acuñar su propia moneda. Entre los artefactos de aquel período, los más reconocidos por los arqueólogos son fíbulas de plata de dos plaquetas y grandes hebillas de cinturón con un revestimiento rectangular. En lo que se refiere a la religión, al inicio del siglo vi los antiguos paganos ya profesaban el cristianismo de orientación arriana. Por otra parte, en 589 el arrianismo fue censurado como herejía, y los visigodos aceptaron la fe católica bizantina (ortodoxa), la cual se caracterizaba por frecuentes y despiadadas persecuciones de los heterodoxos2.

La influencia bizantina también se notaba en otros aspectos culturales: en la arquitectura laica y sobre todo eclesiástica, la cual se caracterizaba inicialmente por los arcos en forma de herradura y los ábsides de plano rectangular, el tejido de los ornamentos florales y animales escandinavos llegaba a ser más densos y detallados. Además, en esta época ya empieza la infiltración de los motivos mauritanos en el arte de la España goda, también sobre todo en la arquitectura3.

En el año 711 los árabes llegaron del sur y al poco tiempo toma- ron toda la Península y formaron el Emirato de Córdoba (756). Des- de entonces el nombre de los visigodos desaparece de la historia política de Europa, pero no así su gente. Una parte de los visigodos sobrevivió en la sierra noreste de la Península. Sin embargo, hasta entonces habían perdido completamente sus rasgos etnoculturales, incluyendo el idioma, y pasaron al latín barbarizado. No obstante, por haber quedado definitivamente dispersos por la tormenta de la Reconquista, no dejaron una huella muy notable en la cultura local (en la lengua española contemporánea solo se pueden detectar varias decenas de lexemas germánicos4). En lo que se refiere a los artefactos arqueológicos de indudable origen visigodo, desaparecieron aún antes, con el inicio de la época mauritana en la historia española.

Sin embargo, parte del patrimonio cultural visigodo se ha conservado en la arquitectura. Podemos mencionar un par de edificios de piedra, como la basílica de tres naves de San Juan de Baños consagra- da en el año 661, y la iglesia de San Pedro de la Nave cerca de Zamora, que es cruciforme en plano (finales del siglo vii), y cuyos capi- teles están decorados con adornos florales con figuras de aves y animales, así como con imágenes de temas bíblicos e históricos. En general, estos temas anticiparon la posterior difusión de los capiteles figurados en la arquitectura románica.

Otro monumento visigodo es la iglesia de Santa María en Quintanilla de las Viñas. Su exterior está decorado con el modelado en forma de cinta con una indudable influencia oriental, como una fuerte influencia bizantina en una iglesia visigoda de San Fructuoso en Montelios. En general, se nota que ni en la arquitectura, ni en la escultura de los monumentos enumerados había nada que se pudiera atribuir a la herencia directa del arte alemán del norte, que existía, pero solo en los productos de pequeño tamaño, casi exclusivamente en las fíbulas y hebillas. Estos productos eran de bronce y decorados en estilo polícromo (inserciones de color de piedras semipreciosas de color rojo, vidrio y esmalte). Estos, sin embargo, también desaparecieron en el siglo vi cuando los joyeros locales subordinaron por completo su creatividad a los cánones mediterráneos dominantes6.

En cuanto a la rama oriental de los colonos alemanes, los ostro- godos se asentaron en las orillas del Danubio, en la costa norte del mar Negro, y luego en Crimea (en la primera mitad del siglo iii d. C.). Todos ellos habían adoptado oficialmente el cristianismo en el año 332, aunque muchos todavía eran paganos. Al mismo tiempo, los ostrogodos de Crimea estaban comprometidos con la religión católica bizantina, mientras que los de los Balcanes y el Danubio lo estaban con el arrianismo7. La cultura germánica de Crimea se había incrementado con el tiempo hasta un nivel tan alto que comenzaron a ejercer una influencia en la altamente desarrollada sociedad del Bósforo, en parte, enriqueciéndola étnicamente8.

En la segunda mitad del siglo vi los ostrogodos fueron fuertemente presionados por los hunos, después de lo cual sus aldeas solo se conservaron en la parte montañosa de la península de Crimea, la llamada Gothia, y en la costa sur de Crimea. Su número es desconocido para nosotros. Los contemporáneos informaban solo de que Gothia era protegida por 3.000 soldados profesionales, y el príncipe gótico en el siglo xv fue uno de los «Cuatro Emperadores de la costa del mar Negro», lo cual indica el nivel muy alto de su posición.

Aquí, en la península de Crimea, a pesar de una conexión espiritual estable con la misma fe de los bizantinos, han mantenido durante siglos sus costumbres y tradiciones culturales, las cuales se habían traído del extremo norte. Lo dicho se refiere no solo a la arquitectura, sino también a las prendas de vestir, joyas, etc.

Después de la conquista de Crimea por los turcos (1475), los godos perdieron su condición de Estado, pero la vida de sus aldeas no fue perturbada. Posteriormente, parte de los alemanes de Crimea se convirtieran al Islam y se asimilaron con los turcos locales (los tártaros de Crimea). Al mismo tiempo, los residentes de las aldeas situadas en zonas montañosas inaccesibles de la cordillera principal, mantuvieron su lengua y cultura (incluyendo libros en la lengua gótica) durante unos siglos más. De tal modo, en el año 1562 el embajador austríaco Busbek se reunió con habitantes de las montañas de Crimea e hizo un registro de una docena de sus palabras y canciones, todas sin duda góticas.

En 1683, el sueco E. Kaempfer13 logró registrar aún más palabras góticas, y su compatriota J. Peringskjoeld recopiló datos sobre las tradiciones y costumbres góticas que se habían conservado en las montañas durante la segunda mitad del siglo xvii14. Por último, el médico de la corte de Carlos XII, el universalmente educado S. Skraggensherna, afirmó en el año 1711 que en la península de Crimea había zonas enteras donde se conservaban los monumentos de la cultura y seguían vivos los descendientes de colonos góticos. Con todo esto, en su idioma no solo se encontraban palabras individuales, sino oraciones enteras «que sin duda son suecas o góticas» («Heela locutioner eller som taal skola vara Svenska eller Gjötiska»).

Luego los antropólogos rusos de la década de 1920 llegaron a la conclusión de que la población de las montañas de Crimea era muy diferente de los habitantes de las estepas y de las zonas premontañosas (bajos y morenos de pelo); los tártaros de montaña son altos y de pelo rubio y suelen tener ojos grandes y claros. Su origen norteño también se confirma por los datos cefalométricos. El mismo patrón se observó en las áreas del antiguo asentamiento de los godos en la costa sur.

Sin embargo, lo más impresionante es el hecho histórico de que los tártaros de montaña aún en el siglo xx vivían en casas que se construían según el antiguo patrón gótico. Eran casas de un piso construidas con vigas (no con troncos como en Rusia y Ucrania) que se calentaban por chimeneas, lo cual no es típico en absoluto, no solo para el resto de la península de Crimea, sino también para la totalidad de la costa norte del mar Negro. Las vigas de roble de estas casas se unían por unos planos tajos verticales que se juntaban a las paredes. Es interesante que los tártaros locales llaman a estos semi-murales paivand (que es similar al gótico beywand), así como una base en tártaro que sonaba como razan (del gótico razn), la habitación de huéspedes, stuben (del gótico stube), el sótano, keler (del gótico keler), etc. Este fenómeno lingüístico se explica por el hecho de que las etiquetas verbales de objetos de la cultura material, en general son mucho más conservadoras que los lexemas de la cultura espiritual, los cuales se caracterizan por una rápida evolución.

El patrimonio gótico resulta visible en la joyería femenina de los tártaros de Crimea del siglo xx. Se trata sobre todo de los grandes (hasta 12 cm de diámetro) escudillos femeninos de pecho con la misma forma redonda que tenían las norteñas fíbulas de dos plaque- tas, y de los anchos cinturones femeninos con una hebilla de plata maciza. Sin embargo, ambos tipos de ornamentos se han conservado hasta ahora solo en su forma y valor funcional, mientras que su ornamentación (originalmente pagana) con el tiempo se vio fuerte- mente influenciada por las tradiciones cristianas y orientales19.

Al comparar el destino histórico de los visigodos y ostrogodos se pueden encontrar tanto características similares como considerable- mente diferencias. Fueron convertidos al cristianismo por el mismo sacerdote, «el apóstol gótico» Ulfila, autor del Código de Plata, el mayor monumento de toda la cultura gótica. Al mismo tiempo, crono- lógicamente los ostrogodos aparecieron en Crimea en el siglo iii, mucho antes que los visigodos en España (inicios del siglo v), lo cual tuvo sus consecuencias. Más tarde, ambos experimentaron una pode- rosa invasión forastera, la cual los empujó hacia las zonas montañosas muy poco pobladas. En este caso, los visigodos desaparecieron rápidamente y casi por completo en la numéricamente dominante etnia española. En cambio, con los ostrogodos de Crimea el inevitable proceso de asimilación se prolongó durante muchos siglos. La razón principal de esta diferencia fue el número relativamente grande de los ostrogodos y las condiciones más favorables para la convivencia con la nación, ya que «el Estado» era más tolerante con los tártaros norteños de Crimea.

Tal situación interétnica no se había desarrollado en la península Ibérica. Inicialmente, los visigodos fueron llevados prácticamente al olvido por los árabes. En este caso, la principal razón del éxito de los musulmanes fue precisamente el hecho de que una parte significativa de las poblaciones autóctonas y romanas los vio no como invasores, sino como libertadores de la persecución religiosa visigoda. Desde el año 718, los visigodos, al igual que una gran parte de la multitribal población española, por varios siglos se sumieron en el caos de la Reconquista, en la que en su mayoría fueron exterminados o expulsados todos aquellos que no pertenecían a los castellanos, catalanes o portugueses.

En cuanto a la cultura germánica, los ostrogodos la llevaron al sur en un estado virgen, casi sin cambios. Los visigodos, como sabemos, hicieron una ruta mucho más larga y duradera desde el Danubio hasta España. Entre los años 378-418 pasaron por toda Grecia, cruza- ron los Balcanes y los Alpes, llegaron al extremo sur de la península Apenina, y finalmente terminaron su viaje de cuarenta años tras una larga estancia en Aquitania. Está claro que durante este tiempo habían experimentado unos cambios étnicos y culturales aún más drásticos que los judíos de Moisés, porque anduvieron cuarenta años en un desierto desolado, y los visigodos se cruzaron en su camino con un gran número de pueblos. Entonces llevaron a su nueva patria menos elementos del arte alemán que del griego o romano, e incluso del oriental. Más tarde, después de que los godos poblaran las regiones del sudeste de España, su cultura se veía constantemente influida por las intensas relaciones con Bizancio.

En este sentido, era más fácil para los ostrogodos de Crimea mantener toda la singularidad de su cultura norteña en el sur, sobre todo debido a su aislamiento geográfico y político, además de una variedad de influencias del exterior. La totalidad de estos factores explica un hecho indiscutible: la «huella gótica» es mucho más clara y significativa en la cultura tradicional de la península de Crimea que en la de España.

[1] 1 Bierbrauer, 1994, p. 156.