Introducción

LA LENGUA GOTICA.
El gótico en el marco de las lenguas germánicas e indoeuropeas.

A pesar de que los intentos realizados hasta la fecha de agrupar los troncos indoeuropeos en subprotolenguas pueden considerarse fallidos, excepto para algunas lenguas de muy evidente relación genética como el indio y el iranio, hay una tendencia general a considerar las lenguas germánicas como pertenecientes a un indoeuropeo occidental que abarcaría también al céltico, al itálico y quizá al griego, aunque en concreto no resulte fácil fundamentar la presunta “comunidad de origen” de esas lenguas o grupos de lenguas dentro del marco general del indoeuropeo. En todo caso el llamado “tronco germánico” muestra un conjunto de rasgos que reúnen entre sí a las lenguas germánicas y las diferencian de las demás lenguas indoeuropeas.

Esta notable homogeneidad sugiere una protolengua especial, el protogermánico, cuya reconstrucción es tarea de la lingüística comparada germánica. Los datos en que puede basarse esta reconstrucción son, por una parte, los que se obtienen de la comparación con otras ramas indoeuropeas, que proporcionan los rasgos básicos del sistema inmediatamente anterior, un indoeuropeo tardío o pregermánico; por la otra los testimonios más antiguos de los diversos dialectos germánicos. El problema está en la enorme distancia cronológica que media entre estos testimonios. En Escandinavia hay documentos epigráficos, las llamadas “runas nórdicas”, que presumiblemente remontan al siglo II d.C. y en las que se tiende a ver directamente protogermánico. La siguiente serie de testimonios en orden de antigüedad es la del gótico, del que hay extensos fragmentos de la traducción bíblica de Ulfilas y una serie de documentos menores (cf. supra), pero ninguna anterior al siglo IV. De los dialectos occidentales no se conservan textos escritos anteriores al siglo VIII (antiguo inglés, antiguo alto alemán); el antiguo sajón se documenta desde el siglo IX, el Bajo Franconio desde el X, el antiguo islandés desde el XI, y el antiguo frisón desde el XIII. Durante todo este tiempo se documentan también abundantes nombres propios, pero con los problemas de valoración que siempre comporta la onomástica.

Así las cosas, dar concreción lingüística al hipotético protogermánico resulta muy difícil. Si la idea tradicional y más ampliamente aceptada es que todas estas lenguas remontan a una sola habla considerablemente homogénea en el extremo opuesto, un autor como Pisani no ve posibilidad alguna de reconstruir una protolengua unitaria, y defiende la hipótesis de que el germánico nunca fue otra cosa que una pluralidad de hablas con una cierta interrelación entre sí, y en las que se dan procesos de convergencia y divergencia, así como innovaciones motivadas o impulsadas por hablas vecinas no germánicas. Esta concepción ha tenido muy poco eco, pero puede ilustrar sobre el tipo de problemas que esto plantea.

El tema de la mayor o menor unidad del protogermánico está en estrecha relación con otros a los que la bibliografía de los últimos años ha dedicado cada vez más atención: por una parte la necesidad de ordenar cronológicamente los cambios lingüísticos que median entre el indoeuropeo reciente y las lenguas germánicas atestiguadas, para así intentar fijar estadios en la protolengua germánica; en segundo lugar el viejo problema del subagrupamiento de las lenguas germánicas; y en tercer lugar el espinoso tema de la diferenciación entre procesos proto germánicos, anteriores a la fragmentación dialectal de esta rama, y procesos germánico comunes (“gemeingermanisch”) que se atestiguan en todas o casi todas las hablas pero han tenido lugar ya dialectalmente. En este último tema están implicados problemas metodológicos fundamentales, que mencionaremos enseguida.

Por lo que se refiere a los estadios prehistóricos de la rama germánica, Zhirmunskij (1965) propone correlacionar la dialectalización con las migraciones de los pueblos germánicos, partiendo de la idea de que los dialectos se perfilan como tales sucesivamente, a medida que los pueblos correspondientes se apartan de un “bloque central”, cuya habla sería en algún sentido “predialectal”. Por ejemplo, el gótico sería la primera lengua individualizada, al ritmo de la migración de los godos hacia el SE, siendo el resto del germánico todavía “protogermánico”. En términos más específicamente lingüísticos Antonsen, sobre su propia propuesta de cronología relativa de los procesos fonéticos, distingue las siguientes fases: indoeuropeo, pregermánico, protogermánico (o germánico temprano) y germánico común (o germánico tardío). El gótico, desgajado en una fase previa a la de la redistribución de /e/, /i/ y a la de la fonologización de /o/, sería una lengua hija que no impediría la continuación de la existencia de la lengua madre.

Estos intentos más recientes son una reacción a la opinión tradicional, sostenida largo tiempo (algunos autores como Krause siguen manteniéndola, aunque algo desdibujada en sus implicaciones históricas), que considera que el germánico es desde muy pronto un tronco dividido en tres ramas, la nórdica, la oriental (gótico, vándalo, Burgundia) y la occidental. Dentro de esta concepción tripartita hay una fuerte tendencia a considerar el nórdico y el gótico como unidos en un parentesco más estrecho que las demás. La idea de una subprotolengua “gotonórdica” ha sido sin embargo objeto de una profunda crítica. Autores como Kuhn y Ada- mus (v. bibl.) han revisado las listas de rasgos que fundarían esa hipótesis (de Schwarz y otros) mostrando su escasa consistencia y significatividad. Dentro de la moderna tendencia a considerar protogermánicas fases antes tenidas por dialectales, Schützeichel condena la tesis del gotonórdico como “construcción que no responde a la realidad histórica de la lengua”. (Cfr. infra).

Finalmente, en el problema de la distinción entre protogermánico y “gemein¬germanisch” (tomando ambos términos como objetivos) está implicada, como decíamos antes, una cuestión metodológica de la mayor importancia. En una extensa publicación a lo largo de varios números de PBB, Otto Hófler ha puesto de relieve que muchos procesos comunes a todas o varias lenguas germánicas no son explicables ni como herencia de una protolengua aún no diferenciada en dialectos ni desde el modelo de la “difusión de las ondas” de Schmidt y sus seguidores. Aplicando al estudio de estos procesos, en particular de los fenómenos de Umlaut (modificación de la vocal de la sílaba tónica radical bajo la influencia de la vocal de la sílaba siguiente) los resultados de la dialectología empírica de lenguas vivas, Hófler pone de manifiesto, en forma muy convincente, que no es sensato imaginar una difusión de hablante a hablante tal que en unos pocos decenios la pronunciación de una lengua cambie en una misma dirección a lo largo de varios miles de kms. sin lagunas, ni siquiera con los medios de comunicación actuales. Ello obliga a postular un desarrollo paralelo condicionado por una disposición común heredada, la cual debe entenderse no como un estado de cosas que haga lógica la evolución hacia el siguiente, sino como una tendencia general a una cierta manera de hablar que hace que a lo largo del tiempo se vayan produciendo todas las modificaciones acordes con ella. Desde este punto de vista la delimitación de un protogermánico como estadio bien definido, con una gramática propia, resulta una tarea de perfiles más bien difusos.

Los rasgos más marcados que caracterizan a las lenguas germánicas y las diferencian netamente del resto de la familia indoeuropea son los siguientes:

– La “mutación consonántica”, conocida también como “ley de Grimm”: un proceso de redistribución -de los modos de articulación en el sistema de oclusivas heredado del indoeuropeo.

– Sustitución del antiguo acento indoeuropeo libre por un acento dinámico fijo en posición inicial, el cual ocasiona toda una serie de fenómenos de reducción de la parte final (átona) de la palabra, las llamadas leyes de final de palabra (Auslautgesetze).

– Fusión de los timbres o y a del indoeuropeo: en el sistema de las breves sólo pervive a, y en el de las largas o.

– Tratamiento uniforme de las sonantes silábicas con vocal de apoyo de timbre u antepuesta. Tendencia a modificar el timbre de la vocal radical bajo la influencia de la vocal de la sílaba siguiente (si este rasgo se da en gótico, es en forma muy restringida).

– Sistematización de las alternativas vocálicas indoeuropeas en el sistema verbal, como “clases de verbos alternantes o fuertes”.

– Drástica reducción del antiguo sistema verbal. Los modos aparecen reducidos a una única oposición modal-no modal (optativo-indicativo), más un imperativo de uso muy restringido; queda también una sola oposición temporal presente- pretérito, con una forma única para cada presente (frente a la antigua variedad de presentes caracterizados); la diátesis no activa sólo presenta un paradigma propio en gótico, de amplitud y uso limitados, y un vestigio formal en el verbo “llamarse” en las demás lenguas.

-Junto al pretérito fuerte, heredero formal del perfecto indoeuropeo, desarrollo de un nuevo pretérito con un formante en dental, de origen controvertido.

-Flexión nominal en cuatro casos, con restos esporádicos de un viejo instrumental.

-Diferenciación, en la flexión nominal, de una declinación fuerte (temas en vocal) y otra débil (temas en consonante), y creación de una doble flexión débil y fuerte en los adjetivos, con funciones sintácticas diferenciadas.

– Desarrollo de una flexión pronominal propia, con mezcla de antiguas formas indoeuropeas específicas y otras tomadas de la flexión nominal.

Un dato de difícil interpretación es la existencia de “yod” y “wau” geminadas, que en nórdico y gótico aparecen “endurecidas” con una oclusión. Este fenómeno ha sido puesto en relación con las laringales.

Esta lista de rasgos sólo contempla los hechos relevantes para la estructura misma de las lenguas germánicas. A efectos de tratar de hallar posibles relaciones especiales con otros troncos indoeuropeos acostumbran sin embargo a barajarse rasgos de índole muy diferente, lo que metodológicamente no carece de consecuencias. En concreto la mayor parte de los intentos de correlacionar el germánico con las ramas céltica, itálica y balto-eslava se basan en isoglosas de vocabulario, cuando es bien sabido que lo más viajero de una lengua son sus palabras, y que por lo tanto la existencia de una palabra en dos hablas distintas es muy poco probatoria de parentesco. Los únicos elementos de estructura lingüística que se han utilizado en tales intentos son: el desarrollo de un glide dental en el grupo -sr-, común a germánico, báltico y eslavo (a.i. srávati frente a aaa. stroum, e.a. struja, lit. strové); la variante -m- en las desinencias oblicuas del plural en la flexión nominal, comunes a estas mismas lenguas; y finalmente el desarrollo del acento dinámico inicial fijo, común a germánico, céltico e itálico. Por lo que se refiere al primer y tercer rasgo, son más bien hechos de fonética general, que se producen espontáneamente en las lenguas más diversas; y en cuanto al segundo, hay restos, aunque no muy seguros, de la variante alternativa en las lenguas en cuestión (lat. statim ha sido puesto en relación con -mi del instr. pl., y ruso tebe con i.a. tubhyam).